Pizza

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Ante nosotros se encontraba mis
humanidades, acompañada de su amiga. 
Frente a ellas había una caja de pizza de la cual extraían exquisitas
piezas de pizza calientita y deliciosa. Con mi amiga de la carrera,
observábamos y se hacía poca nuestra comida ante tal cuadro. Así que nos
prometimos para el siguiente sábado comprar de aquella exquisitez y darnos
también aquel banquete. Con aquel pensamiento y en medio de tareas e
investigaciones se nos pasó la semana. Ahora estábamos ya en el siguiente
sábado y a diez minutos de salir a la hora del almuerzo y solo contábamos con
una hora para almorzar.

Ya de acuerdo con mi compañera,
salimos en motocicleta a la venta de pizza. El primer problema que encontramos
fue que no había por ningún lado estacionamiento para la honda. Así que luego
de buscar y buscar logramos estacionar la veloz. Acudimos a la venta de pizza
y… ¡¡¡vaya sorpresa!!! Había una larga fila para poder comprar. Cuando al fin
nos atendieron nos dijeron que lo que queríamos nos tomaría unos veinte
minutos. Pero, que si queríamos, ya había pizza de la tradicional. Sabiendo que
ya llevábamos mucho tiempo consumido pedimos pizza tradicional.

Luego que nos despacharon la
ansiada comida partimos sobre la roja rumbo a la universidad.  Al llegar, nos sentamos sobre una banqueta
frente a nuestra clase por si el Licenciado en turno llegaba. Y cuando apenas
estábamos degustando un pedacito de pizza, apareció el Licenciado. No tuvimos
más que entrar al salón y terminar de comer adentro. Aunque esto iba en contra
de las normas del salón que decían que no se debía comer en horas de clase.
Pero, como el hambre apremiaba comimos otros pedazos de pizza en clase.

Y cuando ya no pudimos evitar más
las miradas del licenciado, decidimos guardar dos pedazos grandes de pizza. Y
como hacía estorbo la caja en el escritorio la coloqué sobre un mueble muy
alto. Pero vaya ¡¡¡¡horror!!!! Al terminar la jornada de estudio, a eso de las
cinco de la tarde, nos marchamos olvidando la caja. Pasamos toda la semana
lamentado aquel olvido. Pero estábamos decididos a no comer esos pedazos de
pizza luego de ocho días. Porque sabíamos muy bien que aquel lugar manifestaba
presencia de cucarachas y no deseábamos comer donde aquellos insectos habían
pasado.

Llegado el siguiente sábado
fuimos directos a ver sobre el mueble. No había ni sombra de la caja y menos de
los pedazos de pizza. Será por siempre un misterio lo que sucedió con aquellas pizzas
que nos faltaron comer para completar nuestro almuerzo.


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Esta entrada fue publicada el Lunes, Octubre 21st, 2019 at 17:53 Bajo la categoria Sin categoría. Puedes seguir las respuestas a traves del RSS 2.0 feed. Both comments and pings are currently closed.

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