Sopa de marisco

Recuerda que si necesitas pedir cualquier tipo de marisco para elaborar esta receta, puedes pedirlo directamente on line en marisco a domicilio, donde puedes encontrar marisco gallego de la mejor calidad.

Papá está raro. Se pasa las mañanas preparando sopa de marisco, pero ni él ni yo probamos bocado. Pela las gambas más caras, llena la pequeña nevera de casa de patas de cangrejo y caparazones de centollo y buey de mar, como un desguace. Rebaña con delicadeza pescado fresco, hasta la última espina, reservando la cabeza y la raspa entera para un espeso caldo, que huele a sabroso mar. Le observo probar con delicadeza el punto de sal y pimentón, salivo. Desde hace un año ha ido perfeccionando la receta con nuevos ingredientes. Lo que comenzó siendo un caldo aguado con gambas raquíticas, casi pura subsistencia sin la mano de mamá para darle el punto; ahora es un caldo aromático, espeso, una crema de mar rompiendo en la nariz. Lo envasa casi hirviendo en un termo enorme, para que llegue caliente hasta el río.

Hace tiempo que llevo las cañas de pescar para no usarlas, y la sopa de marisco, muy apetecible para las truchas, no puede faltar, es sagrada. Papá la echa al río, tibia al contacto con el agua dulce, con una cuchara. Las esbeltas truchas parecen familiares palomas en un parque, el sol de la tarde les saca colores irisados bajo el agua. De vez en cuando papá elige alguna, el dócil pez se deja atrapar, y con el dedo acaricia sus labios antes de liberarla, ensimismado. Antes, mamá también venía con nosotros. Sin ella no hemos vuelto a comer trucha, ni sopa de marisco.


Si buscas un vuelo, aqui los tienes baratos


Esta entrada fue publicada el Lunes, Septiembre 26th, 2011 at 3:49 Bajo la categoria Sin categoría. Puedes seguir las respuestas a traves del RSS 2.0 feed. You can skip to the end and leave a response. Pinging is currently not allowed.

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Papá está raro. Se pasa las mañanas preparando sopa de marisco, pero ni él ni yo probamos bocado. Pela las gambas más caras, llena la pequeña nevera de casa de patas de cangrejo y caparazones de centollo y buey de mar, como un desguace. Rebaña con delicadeza pescado fresco, hasta la última espina, reservando la cabeza y la raspa entera para un espeso caldo, que huele a sabroso mar. Le observo probar con delicadeza el punto de sal y pimentón, salivo. Desde hace un año ha ido perfeccionando la receta con nuevos ingredientes. Lo que comenzó siendo un caldo aguado con gambas raquíticas, casi pura subsistencia sin la mano de mamá para darle el punto; ahora es un caldo aromático, espeso, una crema de mar rompiendo en la nariz. Lo envasa casi hirviendo en un termo enorme, para que llegue caliente hasta el río.

Hace tiempo que llevo las cañas de pescar para no usarlas, y la sopa de marisco, muy apetecible para las truchas, no puede faltar, es sagrada. Papá la echa al río, tibia al contacto con el agua dulce, con una cuchara. Las esbeltas truchas parecen familiares palomas en un parque, el sol de la tarde les saca colores irisados bajo el agua. De vez en cuando papá elige alguna, el dócil pez se deja atrapar, y con el dedo acaricia sus labios antes de liberarla, ensimismado. Antes, mamá también venía con nosotros. Sin ella no hemos vuelto a comer trucha, ni sopa de marisco.


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